Te oyen antes de escucharte: cómo el sonido y la imagen del vídeo para empresas influyen en la confianza
Qué dicen del vídeo para empresas los experimentos y los datos sobre compras B2B: llamadas con clientes, webinars y entrevistas a directivos. Una columna de Maksim Demchenko, productor audiovisual y fundador del estudio Palette Production en Valencia.
El autor, Maksim Demchenko, es fundador de Palette Production, socio de SunClub.

El mismo ponente, la misma charla, las mismas palabras. Los investigadores añadieron eco al audio y no tocaron nada más. El público puntuó peor la charla y consideró menos inteligente al ponente.
A una empresa esto le pasa todos los días: una llamada por Teams con un futuro cliente, un webinar del equipo comercial, una entrevista al director general en un pódcast del sector, el testimonio de un cliente en la web, una ponencia en un congreso que luego pasa meses en YouTube. Casi siempre todo esto se juzga con un solo criterio: si lo que se dice es correcto. Me dedico al vídeo para empresas y aquí quiero analizar un segundo criterio del que casi nunca se habla. Cómo suena y cómo se ve. Y qué se sabe de ello por experimentos y datos de mercado, sin opiniones de agencias.
Primero, sobre la solidez de las pruebas. En el texto aparecen tres tipos de datos: experimentos controlados, correlaciones con datos de mercado y encuestas a directivos. No pesan lo mismo, y voy a indicar cuál es cuál.
En este artículo
En pocas palabras
- Un mal audio hace que el mismo experto parezca menos inteligente y menos creíble a quien lo escucha. Es la conclusión mejor demostrada de todo el texto.
- La impresión que deja un directivo en un vídeo corto está relacionada con dinero real, incluso con el precio de las acciones en una salida a bolsa.
- El vídeo «casero» grabado con el móvil da confianza a un particular, pero no a una empresa.
- Una producción cara tampoco es la respuesta. El objetivo es un nivel profesional para tu categoría.
El cliente te conoce sin que estés delante
Empiezo por el lugar donde hoy se produce el primer encuentro con el cliente.
Según la encuesta de 6sense de 2025 (unos 4000 compradores B2B), el 94 % de los compradores ya tiene una lista de proveedores ordenada por preferencia antes del primer contacto con un comercial. El favorito del principio se lleva alrededor del 80 % de los contratos. La primera conversación con un vendedor llega, de media, cuando el comprador ya ha recorrido el 61 % del camino.
Según los datos de Gartner publicados en marzo de 2026 (646 compradores B2B), el 67 % preferiría comprar sin ningún contacto con un vendedor. Un año antes eran el 61 %.
Las dos fuentes son comerciales, se basan en lo que declaran los propios compradores y tienen una salvedad honesta: el 85 % de los compradores del estudio de 6sense ya había trabajado antes con el proveedor elegido. Es decir, la lista muchas veces sale de la experiencia previa, y no solo del contenido.
Pero la conclusión no cambia. La mayor parte de la decisión se toma en una sala en la que tú no estás. Allí solo está lo que el cliente ha visto y oído de ti.
El experimento: mismo contenido, otro sonido
En 2018, los psicólogos Eryn Newman y Norbert Schwarz comprobaron algo sencillo. Tomaron charlas reales de físicos e ingenieros publicadas en YouTube y se las pusieron a un grupo de personas. En una versión el sonido era limpio. En la otra añadieron eco, como en una sala grande y vacía. No cambiaron nada más: las mismas palabras, los mismos argumentos.
Quienes oyeron la versión con eco puntuaron peor la charla y consideraron al ponente menos inteligente y menos simpático. De media, en cuatro valoraciones (la charla, la inteligencia del ponente, la simpatía que despertaba y la importancia de su trabajo), la diferencia fue de 0,6 puntos en una escala de cinco, y en la calidad de la charla llegó casi a un punto entero. Cuando los participantes comparaban a dos ponentes, la preferencia se iba hacia el que sonaba mejor: bastaba con intercambiar el sonido para que el orden cambiara.
En el segundo experimento del mismo trabajo usaron entrevistas de radio con científicos y empeoraron el sonido hasta dejarlo como una mala línea telefónica. El efecto fue tres veces más débil, pero no desapareció.
Cuando hay más en juego: testigos en un juicio virtual
En 2021, el mismo grupo de investigadores llevó la prueba a un juicio virtual. Los participantes escuchaban grabaciones de audio con declaraciones de testigos, en estos experimentos no había vídeo. Unas grabaciones sonaban limpias y otras, con eco. El diseño del estudio se registró de antemano, así que no se podía ajustar el análisis al resultado.
A los testigos con mal sonido se les consideró menos creíbles, sus declaraciones se recordaban peor y, en uno de los dos juicios, también pesaron menos en la decisión sobre la culpabilidad. Según los autores, todo el efecto pasaba por una sola cosa: lo creíble que parecía la persona.
Para una empresa, esta situación se parece más a la vida real que una charla en un congreso. Un juicio virtual funciona igual que una negociación a distancia, la defensa de un proyecto ante el consejo de administración o una presentación para un cliente de otro país. Una persona habla y otra decide si la cree. Entre las dos, el micrófono de un portátil.
Hay dos salvedades sin las que no se pueden citar estos datos. La primera: los dos trabajos salen del mismo grupo de investigación. Existe una comprobación independiente: en 2018, unos psicólogos de Estados Unidos mostraron a los participantes simulaciones de entrevistas de trabajo por Skype. A los candidatos con mala conexión los valoraron como menos adecuados para el puesto, incluso cuando se pedía expresamente a los participantes que no se fijaran en la calidad. La segunda: el efecto es pequeño o moderado. Un mal micrófono no hace fracasar una venta por sí solo. Juega en tu contra una y otra vez, y tú ni te enteras.
Normalmente se explica así. El cerebro no separa lo que oye en «qué se dice» y «cómo se dice». Cuando escuchar cuesta, ese esfuerzo se traslada a quien habla. No como la idea de que «tiene un mal micrófono», sino como la sensación de que «no acaba de convencer». Es una explicación y no un hecho demostrado por separado, pero encaja con los datos.
La imagen funciona igual, pero con menos fuerza
Con el sonido las pruebas son más sólidas, porque es lo más fácil de aislar en un laboratorio. Con la imagen el efecto existe, aunque es más sutil.
En un estudio de 2023 se enseñaba a los participantes fotos de personas dentro del marco de una videollamada de Zoom, con distintos fondos. Según el fondo, cambiaba bastante lo fiable y lo competente que parecía la persona. En el caso de la competencia, el fondo explicaba alrededor de una cuarta parte de las diferencias entre valoraciones. Lo que mejor funcionó fueron las estanterías con libros y las plantas, y lo que peor, un salón de casa cualquiera y los fondos virtuales «graciosos». Una limitación: los participantes vieron imágenes fijas, no vídeo.
En un experimento de 2011 se mostró la misma noticia grabada con buena calidad y con medios pobres, con idéntico contenido. La versión cuidada pareció más creíble. Pero los espectadores no estaban dispuestos a pagar más por ella.
Quédate con este detalle, volveremos a él. La calidad de la presentación funciona como señal de confianza, pero por sí sola no añade valor.
Donde la impresión se convierte en dinero
Se puede objetar que todo esto son estudiantes y gente que responde encuestas en internet. Los profesionales que toman decisiones de millones miran las cifras.
Por eso los datos más interesantes vienen del mercado de capitales.
Antes de salir a bolsa, los directivos presentan la empresa a los inversores en vídeo. Los investigadores Blankespoor, Hendricks y Miller tomaron de esas presentaciones fragmentos cortos del CEO, de 30 segundos, y pidieron a un grupo de personas que valoraran la impresión que les causaba el directivo sin tener en cuenta lo que decía. Esa impresión resultó estar relacionada con el precio al que la empresa colocó sus acciones. Y la relación era más fuerte cuando los documentos de la empresa dejaban más incertidumbre.
Las conferencias trimestrales con inversores dieron un resultado parecido. El tono emocional de la voz de los directivos predecía la rentabilidad y los beneficios futuros de la empresa más allá de lo que transmitían las palabras y las cifras (Mayew & Venkatachalam, 2012).
Los dos trabajos son correlacionales: muestran una relación, no una causa, y la impresión no tiene por qué reflejar la competencia real. Pero la conclusión para una empresa es directa. Si los inversores profesionales, con sus modelos y sus estados financieros, pagan más por una empresa cuyo directivo da mejor imagen en un fragmento de 30 segundos, para tu cliente, que no tiene ni folleto de emisión ni analistas, la impresión pesa todavía más. Cuanto menos sabe de ti, más decide lo que ha visto.
Qué dicen los propios directivos
También hay encuestas directas a quienes toman las decisiones. Hay que leerlas con cautela: las hacen Edelman y LinkedIn, y las dos ganan dinero cuando los negocios invierten en contenido.
En el estudio de Edelman y LinkedIn de 2024 (3484 directivos, siete países), el 73 % dijo que el contenido experto de una empresa, lo que en marketing se llama thought leadership, es una base más fiable para valorar sus capacidades que los materiales publicitarios. El 60 % afirmó que un buen contenido experto aumenta su disposición a pagar un precio más alto. Y solo el 15 % calificó el contenido que lee como «muy bueno» o «excelente».
En una encuesta anterior de los mismos autores (2016, Estados Unidos, 1329 personas que toman decisiones en empresas), el 45 % respondió que, después de ver el contenido de una empresa, la respetaba menos. El 30 % dijo que ese contenido le llevó directamente a no darle un contrato. Los datos son antiguos y hablan de la calidad de las ideas, no de la imagen. Pero la dirección está clara: el contenido flojo no es neutral, juega en contra.
La última cifra de 2024, ese 15 %, me parece la más útil. En B2B, el terreno del contenido de calidad está casi vacío. Destacar ahí cuesta menos de lo que parece.
Primera objeción: «ahora se valora lo auténtico»

Cuando hablo de esto con dueños de empresas y directores de marketing, la primera respuesta casi siempre es la misma: ahora se valora lo auténtico, que el director grabe un vídeo con el móvil, que es más honesto. Algo de razón tiene, así que conviene ver con precisión cuánta.
En un experimento de 2014 se enseñaba a la gente un vídeo turístico y se le decía que lo había grabado un turista cualquiera o una agencia de publicidad. Cada vídeo existía en calidad baja y en calidad alta. El vídeo malo del «turista» generaba más confianza que el mismo vídeo malo de la agencia. Lo casero funcionaba como señal: lo ha grabado una persona normal, no tiene por qué adornar nada. Pero con calidad alta la diferencia de confianza desaparecía, y lo experto que parecía el autor a ojos del espectador crecía con la calidad en los dos casos. Los autores escriben claramente que su resultado pone en duda la idea habitual de que el contenido generado por usuarios siempre funciona mejor.
En otras palabras, el vídeo sin pulir da confianza cuando viene de alguien de quien ya se espera algo sin pulir. A una empresa esa señal no le suma nada.
Los datos de mercado reparten los papeles de forma parecida. La agencia Brainlabs analizó 46 estudios Meta Brand Lift de 225 campañas en el Reino Unido. Las piezas «nativas», o sea, vídeos de creadores y usuarios, aumentaban más la intención de compra. Las de estudio funcionaban mejor para la notoriedad de marca. Es una correlación y son datos de una agencia, pero la lógica se entiende: para la primera impresión ante un desconocido, la calidad pesa más.
Y otro experimento, antiguo y muy revelador. En 1966, Elliot Aronson y sus colegas pusieron a varias personas la grabación de un concursante de un programa de preguntas. En una versión respondía de forma brillante, y en la otra, del montón. En las dos, al final se derramaba un café encima. El concursante brillante resultó más simpático después del percance. El del montón perdió simpatía.
La imperfección se le perdona a alguien cuya valía ya nadie pone en duda. Un líder del mercado con una reputación impecable puede permitirse un vídeo grabado con el móvil, y se leerá como naturalidad. Con una empresa de la que el cliente todavía está decidiendo si es buena o del montón, ese mismo descuido en pantalla decide por él.
Segunda objeción: entonces hay que gastar más
La conclusión contraria también es un error.
En los estudios sobre publicidad se describe desde hace tiempo este efecto: la gente juzga la calidad de una marca por lo que cree que se ha gastado en anunciarse. Pero la relación tiene forma de U invertida. Cuando el gasto parece excesivo, la conclusión se vuelve negativa. El trabajo de Amna Kirmani de 1997 se titula precisamente así: «Si se anuncia tanto, algo debe de fallar». Son experimentos sin réplicas independientes, así que conviene apoyarse en ellos con cautela.
También hay un caso de mercado. En 2009, Tropicana cambió su envase por uno más «limpio» y de aspecto más caro. Desaparecieron los elementos reconocibles de la marca y en siete semanas las ventas cayeron alrededor de un 20 %. PepsiCo recuperó el envase anterior. No es un experimento, y esos mismos meses coincidieron con la crisis. Pero el caso muestra bien que una forma cara que no encaja con lo que se espera no ayuda.
El objetivo no es «lo más caro posible», sino «profesional para tu categoría».
Estilo y técnica son cosas distintas

Si lo juntamos todo, los estudios separan dos dimensiones que en las conversaciones sobre vídeo se suelen confundir.
La primera es la claridad técnica: si se oye cada palabra, si se ve la cara, si la imagen no salta, si no se pierde la idea. Aquí el público castiga los fallos de cualquiera de quien espera competencia: un testigo, un científico, un directivo.
La segunda es el pulido estilístico: luz de estudio, grafismo caro, puesta en escena. Mejora la impresión de pericia, pero no la confianza ni la disposición a pagar. Y si se exagera, despierta sospechas.
Yo lo resumo en una frase:
El estilo puede ser coloquial. La técnica, no.
Un directivo puede hablar sin teleprompter, sin traje, con sus propias palabras. Eso es estilo, y ahí hay libertad. Pero se le tiene que oír bien, y la idea no se puede perder. Un descuido que no parece elegido parece falta de oficio. Y de una empresa a la que se le confía un contrato nadie espera falta de oficio.
Qué revisar en tu empresa
Estos son cinco puntos donde el cliente se encuentra con tu empresa en vídeo. La mayoría no se perciben como «contenido», y por eso nadie los mira.
- Videollamadas de la dirección y del equipo comercial. ¿Hablan con el micrófono integrado del portátil o con unos auriculares con micrófono? ¿Hay eco en la sala de reuniones? ¿Qué se ve detrás? Es el punto más barato de todos y el más cercano a los experimentos con sonido: el juicio virtual y las entrevistas por Skype.
- Webinars y presentaciones online. Escucha la última grabación con auriculares. ¿Se entiende cada palabra sin esfuerzo?
- Entrevistas e intervenciones de la dirección. Pódcasts, congresos, YouTube. Si el organizador te dio un sonido malo, ¿vale la pena publicar la grabación en nombre de la empresa sin tratarla?
- Testimonios de clientes. Aquí un toque casero juega a tu favor: el cliente no tiene que demostrar que es un profesional. Pero el sonido tiene que entenderse igualmente.
- El contenido de la empresa en general. ¿Puedes decir en una frase de qué va cada vídeo? ¿Se distingue de lo que publica la competencia?
Si en algún punto la respuesta es «no», el problema casi nunca está en el presupuesto. El problema es que el cliente saca conclusiones sobre la empresa antes de empezar a escuchar.
Lo que todavía nadie ha medido
Y una última cosa.
Los experimentos que cito aquí miden la percepción: lo inteligente, creíble o competente que parece una persona. Los datos de mercado muestran la relación entre la impresión y el dinero en las salidas a bolsa y en los resultados financieros. Las encuestas muestran lo que dicen los directivos sobre el contenido.
No existe un experimento directo en el que se grabe al mismo directivo con el móvil y en buenas condiciones, y después se cuenten las solicitudes y las ventas. El eslabón «calidad del vídeo → ingresos» en B2B se apoya por ahora en la suma de datos indirectos, no en una medición directa.
Pero esa prueba la puedes hacer con tu propio embudo. La misma presentación, dos versiones de la grabación, distintos segmentos de tus envíos por correo o de tus anuncios. Esos datos valdrán más que cualquier cifra de un informe del sector, incluidas las que he dado más arriba.
Mientras tanto, ten en la cabeza una escena. Un cliente elige proveedor para un contrato importante. Todavía no ha hablado ni contigo ni con tu competencia. Solo tiene lo que ha visto y oído.
¿Contrataría a alguien que suena así?
Preguntas frecuentes
¿Es verdad que un mal audio en un vídeo resta confianza?
Sí, y es la parte mejor comprobada del tema. En los experimentos de Newman y Schwarz, la charla con eco recibió peores notas que la misma charla con sonido limpio. En los estudios del juicio virtual, los testigos con mal sonido parecieron menos creíbles. El efecto es pequeño o moderado, pero actúa cada vez que alguien te escucha.
¿Qué importa más en un vídeo para empresas: el sonido o la imagen?
El sonido. Su efecto está mejor demostrado. La imagen también cambia la impresión, pero menos. Si el presupuesto solo da para una cosa, empieza por el micrófono y por una sala sin eco.
¿Qué fondo poner en una videollamada profesional?
En el estudio de 2023, las estanterías con libros y las plantas obtuvieron las mejores valoraciones de confianza y competencia. Lo peor, un salón de casa cualquiera y los fondos virtuales de broma. En ese mismo estudio, la sonrisa también mejoró las valoraciones de confianza y competencia.
¿Se puede grabar un vídeo de empresa con el móvil?
Los testimonios de clientes, sí: nadie espera de ellos una imagen de estudio. En una empresa que el cliente todavía no conoce, el descuido en pantalla suele restar. Se puede grabar con el móvil siempre que se oiga cada palabra, se vea la cara y la imagen no salte.
¿Hace falta una producción cara?
No. Una forma cara que no encaja con lo que se espera despierta sospechas, como mostraron los experimentos con publicidad y la historia del envase de Tropicana. El objetivo es un vídeo profesional para tu categoría.
¿Cómo comprobar rápido la calidad de audio de tus vídeos?
Escucha con auriculares la última grabación de un webinar o de una llamada. Si tienes que esforzarte para entender aunque sea una palabra, cambia el micrófono integrado del portátil por unos auriculares con micrófono o un micrófono de solapa, y quita el eco de la sala.
Sobre el autor
Maksim Demchenko es productor audiovisual y fundador del estudio Palette Production en Valencia, una productora que graba y produce vídeo para empresas: podcastvlc.es.
Fuentes
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